Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta: esta vez la sostenibilidad no fue solo un post bonito en Instagram. Mientras todos estábamos en la pista de baile, había una maquinaria verde gigante operando para que la fiesta fuera responsable con el entorno. Lo que empezó como una propuesta, terminó siendo una ejecución técnica con datos impresionantes. Aquí te contamos cómo se vivió el lado más consciente del Estéreo Picnic: 1. Pantallas que protegen la selva El consumo de un festival masivo es gigante; funciona como una “ciudad temporal” con un gasto de energía similar al de un municipio industrial. Solo las pantallas LED del escenario principal demandan hasta 240 kW de potencia: una sola hora de show consume más energía que la que usa una familia bogotana promedio en todo un mes. ¿Cómo se equilibró esto? A través de Klik, Paramo Impacta y Biofix, el festival compensó su huella con créditos de carbono. Para que te hagas una idea, cada crédito equivale a una tonelada de CO2, lo mismo que gasta una persona viajando en avión 7 veces (ida y vuelta) de Bogotá a Cartagena. Esa inversión se fue directo a proteger 248.000 hectáreas de bosque húmedo tropical en el Guaviare, trabajando con comunidades indígenas Puinaves y Curripacos. Esto no es solo "sembrar árboles": es cuidar los "ríos voladores" que traen la lluvia desde la Amazonía hasta nuestros páramos y aseguran el agua de Bogotá. 2. De los escenarios a salvar vidas: El destino del cemento Un dato clave de esta edición fue el cambio en la forma de asegurar los escenarios. En alianza con Argos, se reemplazó el uso de 140.000 litros de agua por 85 toneladas de cemento y 55 de arena para darle estabilidad a las estructuras. El impacto real: Este material no se volvió escombro. Al terminar el festival, todo fue entregado a la Fundación Parque Jaime Duque para ayudar a construir un centro para enfermedades de difícil manejo. Logramos que la base de nuestros escenarios se convirtiera en la base de la salud para quienes más lo necesitan. 3. El "Ejército Verde" y la logística limpia Si el Simón Bolívar se mantuvo bajo control, fue por una operación en campo que no paró ni un segundo: 150 puntos de reciclaje: Con cestos blanco (reciclaje), verde (orgánico) y negro (co-procesamiento). 80 Eco-Guardianes: Firmes en los puntos de basura enseñando a separar y explicando que hasta acciones mínimas, como hacer scrolling un minuto en el celular, gastan la energía equivalente a la de un carro eléctrico recorriendo 13 metros. Bicitanqueros: Nada de camiones echando humo; el transporte de todo el material aprovechable se hizo en bicitanques por todo el parque. 4. Saltos que mueven la tierra Cuando decenas de miles de personas saltamos al tiempo, generamos vibraciones medibles comparables a un sismo de magnitud 2.3. Es una energía colectiva brutal que el FEP 2026 supo gestionar. El festival demostró que se puede armar un descontrol masivo sabiendo equilibrar el impacto que generamos entre todos. Al final, el Picnic cumplió su palabra: nos dejó una huella imborrable en la memoria, mientras se ponía la 10 para equilibrar su rastro y devolverle vida al ecosistema que nos permitió bailar.
WOW

El Planeta es nuestra única pista de baile: Así logró el FEP 2026 ser el más sostenible de la historia

Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta. Mientras todos estábamos en la pista de...

marzo 24, 2026 • Por Dix FM

Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta. Mientras todos estábamos en la pista de baile, una maquinaria verde gigante operó de principio a fin para que la fiesta fuera responsable con el entorno.

Lo que empezó como una propuesta, terminó siendo una ejecución técnica con datos impresionantes. Aquí te contamos cómo se vivió el lado más consciente del Estéreo Picnic:

Pantallas que protegen la selva

El consumo de un festival masivo es gigante; funciona como una “ciudad temporal” con un gasto de energía similar al de un municipio industrial. Solo las pantallas LED del escenario principal demandan hasta 240 kW de potencia: una sola hora de show consume más energía que la que usa una familia bogotana promedio en todo un mes.

¿Cómo se equilibró esto? A través de Klik, Paramo Impacta y Biofix, el festival compensó su huella con créditos de carbono. Para que te hagas una idea, cada crédito equivale a una tonelada de CO2, lo mismo que gasta una persona viajando en avión 7 veces (ida y vuelta) de Bogotá a Cartagena.

Esa inversión se fue directo a proteger 248.000 hectáreas de bosque húmedo tropical en el Guaviare, trabajando con comunidades indígenas Puinaves y Curripacos. Esto no es solo «sembrar árboles»: es cuidar los «ríos voladores» que traen la lluvia desde la Amazonía hasta nuestros páramos y aseguran el agua de Bogotá.

Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta: esta vez la sostenibilidad no fue solo un post bonito en Instagram. Mientras todos estábamos en la pista de baile, había una maquinaria verde gigante operando para que la fiesta fuera responsable con el entorno. Lo que empezó como una propuesta, terminó siendo una ejecución técnica con datos impresionantes. Aquí te contamos cómo se vivió el lado más consciente del Estéreo Picnic: 1. Pantallas que protegen la selva El consumo de un festival masivo es gigante; funciona como una “ciudad temporal” con un gasto de energía similar al de un municipio industrial. Solo las pantallas LED del escenario principal demandan hasta 240 kW de potencia: una sola hora de show consume más energía que la que usa una familia bogotana promedio en todo un mes. ¿Cómo se equilibró esto? A través de Klik, Paramo Impacta y Biofix, el festival compensó su huella con créditos de carbono. Para que te hagas una idea, cada crédito equivale a una tonelada de CO2, lo mismo que gasta una persona viajando en avión 7 veces (ida y vuelta) de Bogotá a Cartagena. Esa inversión se fue directo a proteger 248.000 hectáreas de bosque húmedo tropical en el Guaviare, trabajando con comunidades indígenas Puinaves y Curripacos. Esto no es solo "sembrar árboles": es cuidar los "ríos voladores" que traen la lluvia desde la Amazonía hasta nuestros páramos y aseguran el agua de Bogotá. 2. De los escenarios a salvar vidas: El destino del cemento Un dato clave de esta edición fue el cambio en la forma de asegurar los escenarios. En alianza con Argos, se reemplazó el uso de 140.000 litros de agua por 85 toneladas de cemento y 55 de arena para darle estabilidad a las estructuras. El impacto real: Este material no se volvió escombro. Al terminar el festival, todo fue entregado a la Fundación Parque Jaime Duque para ayudar a construir un centro para enfermedades de difícil manejo. Logramos que la base de nuestros escenarios se convirtiera en la base de la salud para quienes más lo necesitan. 3. El "Ejército Verde" y la logística limpia Si el Simón Bolívar se mantuvo bajo control, fue por una operación en campo que no paró ni un segundo: 150 puntos de reciclaje: Con cestos blanco (reciclaje), verde (orgánico) y negro (co-procesamiento). 80 Eco-Guardianes: Firmes en los puntos de basura enseñando a separar y explicando que hasta acciones mínimas, como hacer scrolling un minuto en el celular, gastan la energía equivalente a la de un carro eléctrico recorriendo 13 metros. Bicitanqueros: Nada de camiones echando humo; el transporte de todo el material aprovechable se hizo en bicitanques por todo el parque. 4. Saltos que mueven la tierra Cuando decenas de miles de personas saltamos al tiempo, generamos vibraciones medibles comparables a un sismo de magnitud 2.3. Es una energía colectiva brutal que el FEP 2026 supo gestionar. El festival demostró que se puede armar un descontrol masivo sabiendo equilibrar el impacto que generamos entre todos. Al final, el Picnic cumplió su palabra: nos dejó una huella imborrable en la memoria, mientras se ponía la 10 para equilibrar su rastro y devolverle vida al ecosistema que nos permitió bailar.
Foto: Dix FM / FEP 2026

De los escenarios a salvar vidas: El destino del cemento

Un dato clave de esta edición fue el cambio radical en la forma de asegurar los escenarios. En alianza con Argos, se reemplazó el uso de 140.000 litros de agua (que antes servían de contrapeso en tanques) por sacos de 85 toneladas de cemento y 55 de arena para darle estabilidad a las estructuras.

El impacto real: Este material no fue algo temporal. Al terminar el festival, todos los sacos de cemento y arena fueron entregados a la Fundación Parque Jaime Duque para la construcción de un centro para enfermedades de difícil manejo. Logramos que lo que sostuvo nuestros escenarios se convirtiera en la base de la salud para quienes más lo necesitan.

El «Ejército Verde» y la logística limpia

Si el Simón Bolívar se mantuvo bajo control, fue por una operación en campo que no paró ni un segundo:

  • 150 puntos de reciclaje: Con cestos blanco (reciclaje), verde (orgánico) y negro (co-procesamiento).
  • 80 Eco-Guardianes: Un equipo dedicado que estuvo en los puntos de basura enseñando a separar y explicando que hasta acciones mínimas, como hacer scrolling un minuto en el celular, gastan la energía equivalente a la de un carro eléctrico recorriendo 13 metros.
  • Bicitanqueros: Nada de camiones echando humo; el transporte de todo el material aprovechable se hizo en bicitanques por todo el parque, moviéndose de forma eficiente y limpia.
Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta: esta vez la sostenibilidad no fue solo un post bonito en Instagram. Mientras todos estábamos en la pista de baile, había una maquinaria verde gigante operando para que la fiesta fuera responsable con el entorno. Lo que empezó como una propuesta, terminó siendo una ejecución técnica con datos impresionantes. Aquí te contamos cómo se vivió el lado más consciente del Estéreo Picnic: 1. Pantallas que protegen la selva El consumo de un festival masivo es gigante; funciona como una “ciudad temporal” con un gasto de energía similar al de un municipio industrial. Solo las pantallas LED del escenario principal demandan hasta 240 kW de potencia: una sola hora de show consume más energía que la que usa una familia bogotana promedio en todo un mes. ¿Cómo se equilibró esto? A través de Klik, Paramo Impacta y Biofix, el festival compensó su huella con créditos de carbono. Para que te hagas una idea, cada crédito equivale a una tonelada de CO2, lo mismo que gasta una persona viajando en avión 7 veces (ida y vuelta) de Bogotá a Cartagena. Esa inversión se fue directo a proteger 248.000 hectáreas de bosque húmedo tropical en el Guaviare, trabajando con comunidades indígenas Puinaves y Curripacos. Esto no es solo "sembrar árboles": es cuidar los "ríos voladores" que traen la lluvia desde la Amazonía hasta nuestros páramos y aseguran el agua de Bogotá. 2. De los escenarios a salvar vidas: El destino del cemento Un dato clave de esta edición fue el cambio en la forma de asegurar los escenarios. En alianza con Argos, se reemplazó el uso de 140.000 litros de agua por 85 toneladas de cemento y 55 de arena para darle estabilidad a las estructuras. El impacto real: Este material no se volvió escombro. Al terminar el festival, todo fue entregado a la Fundación Parque Jaime Duque para ayudar a construir un centro para enfermedades de difícil manejo. Logramos que la base de nuestros escenarios se convirtiera en la base de la salud para quienes más lo necesitan. 3. El "Ejército Verde" y la logística limpia Si el Simón Bolívar se mantuvo bajo control, fue por una operación en campo que no paró ni un segundo: 150 puntos de reciclaje: Con cestos blanco (reciclaje), verde (orgánico) y negro (co-procesamiento). 80 Eco-Guardianes: Firmes en los puntos de basura enseñando a separar y explicando que hasta acciones mínimas, como hacer scrolling un minuto en el celular, gastan la energía equivalente a la de un carro eléctrico recorriendo 13 metros. Bicitanqueros: Nada de camiones echando humo; el transporte de todo el material aprovechable se hizo en bicitanques por todo el parque. 4. Saltos que mueven la tierra Cuando decenas de miles de personas saltamos al tiempo, generamos vibraciones medibles comparables a un sismo de magnitud 2.3. Es una energía colectiva brutal que el FEP 2026 supo gestionar. El festival demostró que se puede armar un descontrol masivo sabiendo equilibrar el impacto que generamos entre todos. Al final, el Picnic cumplió su palabra: nos dejó una huella imborrable en la memoria, mientras se ponía la 10 para equilibrar su rastro y devolverle vida al ecosistema que nos permitió bailar.
Foto: Páramo Impacta

El compromiso se cumplió

El FEP 2026 demostró que se puede armar el descontrol más épico del año sabiendo compensar el impacto que generamos entre todos. Al final, el Picnic cumplió su palabra: nos dejó una huella imborrable en la memoria, mientras se ponía la 10 para equilibrar su rastro y devolverle vida al ecosistema que nos permitió bailar.

El Planeta es nuestra única pista de baile: Así logró el FEP 2026 ser el más sostenible de la historia

Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta: esta vez la sostenibilidad no fue solo un post bonito en Instagram. Mientras todos estábamos en la pista de baile, había una maquinaria verde gigante operando para que la fiesta fuera responsable con el entorno. Lo que empezó como una propuesta, terminó siendo una ejecución técnica con datos impresionantes. Aquí te contamos cómo se vivió el lado más consciente del Estéreo Picnic: 1. Pantallas que protegen la selva El consumo de un festival masivo es gigante; funciona como una “ciudad temporal” con un gasto de energía similar al de un municipio industrial. Solo las pantallas LED del escenario principal demandan hasta 240 kW de potencia: una sola hora de show consume más energía que la que usa una familia bogotana promedio en todo un mes. ¿Cómo se equilibró esto? A través de Klik, Paramo Impacta y Biofix, el festival compensó su huella con créditos de carbono. Para que te hagas una idea, cada crédito equivale a una tonelada de CO2, lo mismo que gasta una persona viajando en avión 7 veces (ida y vuelta) de Bogotá a Cartagena. Esa inversión se fue directo a proteger 248.000 hectáreas de bosque húmedo tropical en el Guaviare, trabajando con comunidades indígenas Puinaves y Curripacos. Esto no es solo "sembrar árboles": es cuidar los "ríos voladores" que traen la lluvia desde la Amazonía hasta nuestros páramos y aseguran el agua de Bogotá. 2. De los escenarios a salvar vidas: El destino del cemento Un dato clave de esta edición fue el cambio en la forma de asegurar los escenarios. En alianza con Argos, se reemplazó el uso de 140.000 litros de agua por 85 toneladas de cemento y 55 de arena para darle estabilidad a las estructuras. El impacto real: Este material no se volvió escombro. Al terminar el festival, todo fue entregado a la Fundación Parque Jaime Duque para ayudar a construir un centro para enfermedades de difícil manejo. Logramos que la base de nuestros escenarios se convirtiera en la base de la salud para quienes más lo necesitan. 3. El "Ejército Verde" y la logística limpia Si el Simón Bolívar se mantuvo bajo control, fue por una operación en campo que no paró ni un segundo: 150 puntos de reciclaje: Con cestos blanco (reciclaje), verde (orgánico) y negro (co-procesamiento). 80 Eco-Guardianes: Firmes en los puntos de basura enseñando a separar y explicando que hasta acciones mínimas, como hacer scrolling un minuto en el celular, gastan la energía equivalente a la de un carro eléctrico recorriendo 13 metros. Bicitanqueros: Nada de camiones echando humo; el transporte de todo el material aprovechable se hizo en bicitanques por todo el parque. 4. Saltos que mueven la tierra Cuando decenas de miles de personas saltamos al tiempo, generamos vibraciones medibles comparables a un sismo de magnitud 2.3. Es una energía colectiva brutal que el FEP 2026 supo gestionar. El festival demostró que se puede armar un descontrol masivo sabiendo equilibrar el impacto que generamos entre todos. Al final, el Picnic cumplió su palabra: nos dejó una huella imborrable en la memoria, mientras se ponía la 10 para equilibrar su rastro y devolverle vida al ecosistema que nos permitió bailar.
Foto: Dix FM
Publicidad

Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta. Mientras todos estábamos en la pista de baile, una maquinaria verde gigante operó de principio a fin para que la fiesta fuera responsable con el entorno.

Lo que empezó como una propuesta, terminó siendo una ejecución técnica con datos impresionantes. Aquí te contamos cómo se vivió el lado más consciente del Estéreo Picnic:

Pantallas que protegen la selva

El consumo de un festival masivo es gigante; funciona como una “ciudad temporal” con un gasto de energía similar al de un municipio industrial. Solo las pantallas LED del escenario principal demandan hasta 240 kW de potencia: una sola hora de show consume más energía que la que usa una familia bogotana promedio en todo un mes.

¿Cómo se equilibró esto? A través de Klik, Paramo Impacta y Biofix, el festival compensó su huella con créditos de carbono. Para que te hagas una idea, cada crédito equivale a una tonelada de CO2, lo mismo que gasta una persona viajando en avión 7 veces (ida y vuelta) de Bogotá a Cartagena.

Esa inversión se fue directo a proteger 248.000 hectáreas de bosque húmedo tropical en el Guaviare, trabajando con comunidades indígenas Puinaves y Curripacos. Esto no es solo «sembrar árboles»: es cuidar los «ríos voladores» que traen la lluvia desde la Amazonía hasta nuestros páramos y aseguran el agua de Bogotá.

Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta: esta vez la sostenibilidad no fue solo un post bonito en Instagram. Mientras todos estábamos en la pista de baile, había una maquinaria verde gigante operando para que la fiesta fuera responsable con el entorno. Lo que empezó como una propuesta, terminó siendo una ejecución técnica con datos impresionantes. Aquí te contamos cómo se vivió el lado más consciente del Estéreo Picnic: 1. Pantallas que protegen la selva El consumo de un festival masivo es gigante; funciona como una “ciudad temporal” con un gasto de energía similar al de un municipio industrial. Solo las pantallas LED del escenario principal demandan hasta 240 kW de potencia: una sola hora de show consume más energía que la que usa una familia bogotana promedio en todo un mes. ¿Cómo se equilibró esto? A través de Klik, Paramo Impacta y Biofix, el festival compensó su huella con créditos de carbono. Para que te hagas una idea, cada crédito equivale a una tonelada de CO2, lo mismo que gasta una persona viajando en avión 7 veces (ida y vuelta) de Bogotá a Cartagena. Esa inversión se fue directo a proteger 248.000 hectáreas de bosque húmedo tropical en el Guaviare, trabajando con comunidades indígenas Puinaves y Curripacos. Esto no es solo "sembrar árboles": es cuidar los "ríos voladores" que traen la lluvia desde la Amazonía hasta nuestros páramos y aseguran el agua de Bogotá. 2. De los escenarios a salvar vidas: El destino del cemento Un dato clave de esta edición fue el cambio en la forma de asegurar los escenarios. En alianza con Argos, se reemplazó el uso de 140.000 litros de agua por 85 toneladas de cemento y 55 de arena para darle estabilidad a las estructuras. El impacto real: Este material no se volvió escombro. Al terminar el festival, todo fue entregado a la Fundación Parque Jaime Duque para ayudar a construir un centro para enfermedades de difícil manejo. Logramos que la base de nuestros escenarios se convirtiera en la base de la salud para quienes más lo necesitan. 3. El "Ejército Verde" y la logística limpia Si el Simón Bolívar se mantuvo bajo control, fue por una operación en campo que no paró ni un segundo: 150 puntos de reciclaje: Con cestos blanco (reciclaje), verde (orgánico) y negro (co-procesamiento). 80 Eco-Guardianes: Firmes en los puntos de basura enseñando a separar y explicando que hasta acciones mínimas, como hacer scrolling un minuto en el celular, gastan la energía equivalente a la de un carro eléctrico recorriendo 13 metros. Bicitanqueros: Nada de camiones echando humo; el transporte de todo el material aprovechable se hizo en bicitanques por todo el parque. 4. Saltos que mueven la tierra Cuando decenas de miles de personas saltamos al tiempo, generamos vibraciones medibles comparables a un sismo de magnitud 2.3. Es una energía colectiva brutal que el FEP 2026 supo gestionar. El festival demostró que se puede armar un descontrol masivo sabiendo equilibrar el impacto que generamos entre todos. Al final, el Picnic cumplió su palabra: nos dejó una huella imborrable en la memoria, mientras se ponía la 10 para equilibrar su rastro y devolverle vida al ecosistema que nos permitió bailar.
Foto: Dix FM / FEP 2026

De los escenarios a salvar vidas: El destino del cemento

Un dato clave de esta edición fue el cambio radical en la forma de asegurar los escenarios. En alianza con Argos, se reemplazó el uso de 140.000 litros de agua (que antes servían de contrapeso en tanques) por sacos de 85 toneladas de cemento y 55 de arena para darle estabilidad a las estructuras.

El impacto real: Este material no fue algo temporal. Al terminar el festival, todos los sacos de cemento y arena fueron entregados a la Fundación Parque Jaime Duque para la construcción de un centro para enfermedades de difícil manejo. Logramos que lo que sostuvo nuestros escenarios se convirtiera en la base de la salud para quienes más lo necesitan.

El «Ejército Verde» y la logística limpia

Si el Simón Bolívar se mantuvo bajo control, fue por una operación en campo que no paró ni un segundo:

  • 150 puntos de reciclaje: Con cestos blanco (reciclaje), verde (orgánico) y negro (co-procesamiento).
  • 80 Eco-Guardianes: Un equipo dedicado que estuvo en los puntos de basura enseñando a separar y explicando que hasta acciones mínimas, como hacer scrolling un minuto en el celular, gastan la energía equivalente a la de un carro eléctrico recorriendo 13 metros.
  • Bicitanqueros: Nada de camiones echando humo; el transporte de todo el material aprovechable se hizo en bicitanques por todo el parque, moviéndose de forma eficiente y limpia.
Finalizó el FEP 2026 y, más allá de los shows de Tyler o Sabrina, quedó una sensación distinta: esta vez la sostenibilidad no fue solo un post bonito en Instagram. Mientras todos estábamos en la pista de baile, había una maquinaria verde gigante operando para que la fiesta fuera responsable con el entorno. Lo que empezó como una propuesta, terminó siendo una ejecución técnica con datos impresionantes. Aquí te contamos cómo se vivió el lado más consciente del Estéreo Picnic: 1. Pantallas que protegen la selva El consumo de un festival masivo es gigante; funciona como una “ciudad temporal” con un gasto de energía similar al de un municipio industrial. Solo las pantallas LED del escenario principal demandan hasta 240 kW de potencia: una sola hora de show consume más energía que la que usa una familia bogotana promedio en todo un mes. ¿Cómo se equilibró esto? A través de Klik, Paramo Impacta y Biofix, el festival compensó su huella con créditos de carbono. Para que te hagas una idea, cada crédito equivale a una tonelada de CO2, lo mismo que gasta una persona viajando en avión 7 veces (ida y vuelta) de Bogotá a Cartagena. Esa inversión se fue directo a proteger 248.000 hectáreas de bosque húmedo tropical en el Guaviare, trabajando con comunidades indígenas Puinaves y Curripacos. Esto no es solo "sembrar árboles": es cuidar los "ríos voladores" que traen la lluvia desde la Amazonía hasta nuestros páramos y aseguran el agua de Bogotá. 2. De los escenarios a salvar vidas: El destino del cemento Un dato clave de esta edición fue el cambio en la forma de asegurar los escenarios. En alianza con Argos, se reemplazó el uso de 140.000 litros de agua por 85 toneladas de cemento y 55 de arena para darle estabilidad a las estructuras. El impacto real: Este material no se volvió escombro. Al terminar el festival, todo fue entregado a la Fundación Parque Jaime Duque para ayudar a construir un centro para enfermedades de difícil manejo. Logramos que la base de nuestros escenarios se convirtiera en la base de la salud para quienes más lo necesitan. 3. El "Ejército Verde" y la logística limpia Si el Simón Bolívar se mantuvo bajo control, fue por una operación en campo que no paró ni un segundo: 150 puntos de reciclaje: Con cestos blanco (reciclaje), verde (orgánico) y negro (co-procesamiento). 80 Eco-Guardianes: Firmes en los puntos de basura enseñando a separar y explicando que hasta acciones mínimas, como hacer scrolling un minuto en el celular, gastan la energía equivalente a la de un carro eléctrico recorriendo 13 metros. Bicitanqueros: Nada de camiones echando humo; el transporte de todo el material aprovechable se hizo en bicitanques por todo el parque. 4. Saltos que mueven la tierra Cuando decenas de miles de personas saltamos al tiempo, generamos vibraciones medibles comparables a un sismo de magnitud 2.3. Es una energía colectiva brutal que el FEP 2026 supo gestionar. El festival demostró que se puede armar un descontrol masivo sabiendo equilibrar el impacto que generamos entre todos. Al final, el Picnic cumplió su palabra: nos dejó una huella imborrable en la memoria, mientras se ponía la 10 para equilibrar su rastro y devolverle vida al ecosistema que nos permitió bailar.
Foto: Páramo Impacta

El compromiso se cumplió

El FEP 2026 demostró que se puede armar el descontrol más épico del año sabiendo compensar el impacto que generamos entre todos. Al final, el Picnic cumplió su palabra: nos dejó una huella imborrable en la memoria, mientras se ponía la 10 para equilibrar su rastro y devolverle vida al ecosistema que nos permitió bailar.

¿Te gustó?, Comparte este artículo
Publicidad
Publicidad

También te puede interesar